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¿Qué pasaría en una ciudad si viviésemos un día sin policía?

Los desastres de un día sin policía

¿QUÉ pasaría si la policía de su ciudad abandonara su servicio durante un día? ¿Qué sucedería? ¿Obedecerían los ciudadanos la ley aunque supieran que no habría policía para aprehenderlos por actos criminales?

A ciudadanos de una ciudad grande se les contestaron preguntas como ésas recientemente cuando tanto sus policías como sus bomberos se declararon en huelga.
Pero lo que sucedió en esa ciudad también podría suceder en otros lugares. ¿Por qué?
Porque se está convirtiendo en práctica entre los siervos civiles el ejercer presión por medio de negarse a trabajar, para conseguir aumento de salario.
En consecuencia, en la ciudad de Nueva York el año pasado los trabajadores de saneamiento de la ciudad se pusieron en huelga y permitieron que se apilaran 10.000 toneladas de basura al día.
Una huelga semejante hizo que se amontonara a gran altura la basura en Londres, Inglaterra, en octubre del año pasado.

El ejemplo de Montreal, un día sin policía


Policia de Quebec
Pero fue Montreal, Canadá, la ciudad que se quedó sin policía durante un día.
Allí los policías se pusieron en huelga en un esfuerzo por conseguir aumento de salario para poner su paga en el mismo nivel fue la de los policías de Toronto.
Lo que sucedió durante ese día fue verdaderamente revelador.
Quitada la protección de la policía...lo que sucedió fue sorprendente.
La huelga de los 3.700 policías de Montreal comenzó a las ocho de la mañana del miércoles 7 de octubre de 1969.
La mayoría de los policías se reunieron en la Arena Paul Sauvé para una reunión de todo el día. Algunos agentes de más tiempo en la fuerza policíaca trataron de mantener en servicio un personal reducido, pero ciertos agentes jóvenes militantes obligaron a éstos a salir.
La Policía Provincial de Quebec, una fuerza mucho más pequeña que el gobierno provincial mantiene en servicio, trató de suministrar protección limitada a la ciudad durante el día. Sin embargo,
algunos de los policías municipales en huelga también estorbaron la labor de estos agentes.
Informó el Star de Montreal:
“Policías militantes de Montreal en la arena Paul Sauvé, enterándose de que la PPQ estaba haciéndose cargo de sus deberes, decidieron impedir el plan.
“Se pusieron a escuchar las bandas de radio de la PPQ. Siempre que se enviaba un auto a una dirección específica, una docena de agentes de la ciudad se apiñaba en un camión de policía antimotines y se dirigía al encuentro de la patrulla de la PPQ.
“Secuestraban las patrullas y las llevaban, con las sirenas y las luces encendidas, de regreso a la arena Paul Sauvé. La policía de Montreal recibía con vivas cada llegada.
“Después de otras ocho patrullas expropiadas, y con sus frecuencias de radio interrumpidas con ruido intermitentemente, la entera fuerza de la PPQ fue llamada de regreso a la jefatura.”
En consecuencia, la ciudad de Montreal casi quedó enteramente sin protección policíaca. Lo que sucedió ese día ha hecho que muchas personas se pregunten si algo semejante sucedería en su ciudad en medio de circunstancias similares.

Desafuero al por mayor


Hubo brotes de motines, incendio premeditado y saqueo.
En algunos sectores de Montreal hubo amontonamientos de vidrio roto, saqueamiento de manzanas
Disturbios
enteras de tiendas e incendio de muchos vehículos. “Jamás se ha visto la ciudad así,” dijo el dueño de una tienda al inspeccionar las ruinas de su local. “Es como la guerra.”
Durante el día hubo veintitrés grandes asaltos, incluso diez robos de bancos. Hombres armados se llevaron 28.000 dólares del Banco de Ahorros de la Ciudad y del Distrito de la calle St. Denis. Cuatro hombres con ametralladoras asaltaron una compañía financiera.
Tan mala llegó a ser la situación que en una alocución por radio Lucien Saulnier, presidente del Comité Ejecutivo de la Ciudad, aconsejó a los ciudadanos que permanecieran en casa y protegieran su propiedad.
Varios ladrones fallecieron al ser repelidos por propietarios protegiendo sus viviendas...
Aproximadamente a las 8:00 de la noche veintenas de taxímetros llegaron al garaje de la Compañía Murray Hill Limousine.
Por mucho tiempo los choferes de los taxis le habían guardado rencor a esa compañía.
Estallaron bombas Molotov, y ardieron en llamas autobuses y autos.
Unos empleados abrieron fuego de escopetas contra la chusma.
Un policía provincial fue muerto a tiros; otras personas resultaron heridas por armas de fuego.
Algunos transeúntes se envolvieron en la violencia, y una chusma de doscientas a trescientas personas salió del garaje de Murray Hill y se dirigió hacia el principal distrito comercial y de hoteles de Montreal.
Con garrotes, bates y piedras la chusma comenzó una orgía de destrucción y saqueo sin sentido.
Hicieron pedazos los escaparates del Hotel Queen Elizabeth, saqueando la mercancía.
A eso siguió la depredación de la planta baja del hermoso edificio IBM.
Entonces rompieron los escaparates del Hotel Windsor y el Hotel Mount Royal y saquearon sus tiendas.
Enfrentamientos con la policía
Los saqueadores arremetieron en oleaje por el este de la calle St. Catherine, rompiendo ventanas y saqueando tiendas al pasar.
Llegó a haber vidrio de escaparates rotos esparcido por toda la calle por más de tres kilómetros.
Tan extenso fue el daño que un experto en la materia calculó que costaría 2.000.000 de dólares tan solo el reemplazar los escaparates rotos.
El daño total a causa de incendios, destrucción y robo se fijó en millones de dólares más.
Las joyerías, las tiendas de ropa y los escaparates de equipo eléctrico fueron blancos principales. Fotografías que salieron en la prensa pública mostraban a los ladrones sirviéndose de la mercancía.
Cuando cuatro agentes de la Policía Provincial de Quebec trataron de controlar a la chusma a las 11:30 de la noche, literalmente fueron pisoteados por el oleaje de amotinados.
La chusma cayó sobre un auto de patrulla de la PPQ que se aventuró a salir a la calle y lo convirtió en ruina inservible mientras los agentes permanecían sentados dentro.
Quitadas las restricciones policíacas, la ley y el orden se habían desplomado. Líderes gubernamentales dijeron que la ciudad estaba “amenazada por la anarquía.” Leo Pearson, miembro de la legislatura, dijo: “Antes de darnos cuenta de ello pudiéramos tener en nuestras manos una revolución completa.”
El grado de desafuero era asombroso.
Informó cierta persona:
“No quiero decir rufianes ni transgresores habituales de la ley, quiero decir que gente común cometió delitos que no soñaría en intentar si hubiese un policía en la esquina. Vi autos que siguieron caminando cuando los semáforos indicaban que deberían detenerse. Hubo conductores que metieron

sus autos a gran velocidad por el lado de la calle que no debían porque comprendían que nadie los atraparía.
“Es como para no creerse la cantidad de accidentes automovilísticos que vi, porque los conductores se arriesgaban a tomar atajos y cruzar las líneas de división del tránsito en contra de los reglamentos. Sabían que no había ningún policía allí para anotarlo.”
El gobierno provincial actúa
Al agravarse la situación, el gobierno provincial de Quebec dio pasos para controlar el desafuero. A las 4:30 de la tarde toda la policía provincial y la policía municipal de cincuenta y seis municipalidades más pequeñas fueron colocadas bajo el mando unificado de Maurice St. Pierre, director de la Policía Provincial de Quebec.
A las 8:10 de la noche el procurador general Rémi Paul pidió al gobierno federal que enviara el ejército para restaurar el orden. Tropas del 22.do Regimiento Real fueron traídas a Montreal desde Valcartier, cerca de Ciudad de Quebec.
Además, la legislatura provincial se apresuró a aprobar una ley especial. Esta entró en vigor a las 10:00 de la noche y le ordenaba a la policía que reanudara sus deberes a la medianoche, dieciséis horas después de haber comenzado la huelga. La ley estipulaba castigos de 25 a 100 dólares por día por no cumplir, y multas de 5.000 a 50.000 dólares por día a cualquier sindicato o representante sindicalista que estimulara la violación del nuevo estatuto.
Cuando se le informó de la ley, el sargento Guy Marcil, presidente de la hermandad policíaca, habló a los policías que todavía estaban de vigilia en la arena. Les dijo: “Es mi deber como presidente de esta Hermandad pedirles que regresen al trabajo . . .
Les ordeno que regresen a sus puestos.” Cuando hicieron eso, se restauró una calma superficial, pero soldados armados permanecieron de guardia.
Se ordenó la cancelación de una manifestación política fijada para el 10 de octubre en el ayuntamiento.
Para asegurar que se mantuviera el orden, más de 5.000 miembros armados de la Policía de Montreal, la Policía Provincial de Quebec, la Real Policía Montada Canadiense y las fuerzas armadas canadienses rodearon el ayuntamiento.
Fue el despliegue más grande de poderío armado en una ciudad canadiense desde la II Guerra Mundial. Se detuvo la manifestación y la muchedumbre fue dispersada sin disturbios adicionales.

Que significa tanta violencia en un día sin policía


Muchas personas, aturdidas por lo súbito y lo barbárico de la violencia, reflexionaron en el significado de lo que había sucedido.
¿Qué significa? ¿Por qué un estallido tan destructivo?
Es obvio que el problema no es simplemente el de una disputa por salario entre unos siervos civiles y una ciudad.
El problema es mucho más profundo.
Tampoco se limita la dificultad a Montreal.
Porque se ha observado una tremenda decadencia en la integridad y moralidad en una sección enorme de la población en todas partes.
En realidad, lo que sucedió en Montreal sin duda hará que muchas personas lleguen a la conclusión de que esto podría suceder en su ciudad si quedara sin protección policíaca. El ex-procurador general de Quebec, Claude Wagner, describió la triste situación muy francamente, explicando:
“Cuando la policía abandona su labor, sabemos que estamos al borde de la revolución.”
El primer ministro Pierre Elliott Trudeau también notó la naturaleza extensa del problema. Dijo que el paro de la policía y los bomberos de Montreal sencillamente es “parte de una sociedad completa que está perdiendo la chaveta.”
Y el primer ministro de Quebec, Jean Jacques Bertrand, sencillamente dijo: “La violencia es la moda actual.”


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