La década 2010-2020 la década de los tatuajes


La era de los tatuajes


En general, todos intentamos limitar nuestro contacto con las agujas al mínimo médico imprescindible.
Excepto cuando se trata de tatuajes…
La cifra de personas que se dibujan la piel crece, y se calcula que, en los sectores más jóvenes, el número de tatuados ronda el 30%. Celebrities como Angelina Jolie, Cara Delevingne, David Beckham, Rihanna o Scarlett Johansson son solo una muestra de que los tattoos han llegado incluso hasta la alfombra roja –y ejemplo de su enorme popularidad.
¿Qué tienen de especial los tatuajes para que no desaparezcan de la piel, sino que duren toda la vida? Que la tinta no se queda sobre la epidermis, la capa superficial, sino que se introduce –para eso sirven
las agujas– en la dermis, la capa interna donde se encuentran nervios, folículos pilosos, vasos sanguíneos y tejido conjuntivo.
Es decir, donde biológicamente pasan muchas cosas, y muy importantes.
Y aunque los tatuajes son estéticos, sus consecuencias son algo más.
No es de extrañar, por tanto, que los médicos en general –y los dermatólogos, en particular– quieren alertar sobre los peligros que los tatuajes pueden suponer.
Lógicamente, el primer punto para tener en cuenta son las agujas: es esencial asegurarse que están perfectamente esterilizadas y que no se comparten, algo regulado por la legislación establecida por el Consejo de Europa. Ahora, el foco de atención se ha ampliado a otro aspecto esencial de los tatuajes: las tintas.
Hace poco más de un año, la Academia Española de Dermatología, junto a la Academia Europea, comunicaba la necesidad de una mayor regulación de las tintas y productos asociados, advirtiendo
que los requerimientos y restricciones en Europa relacionados con su composición no garantizan la suficiente garantía sobre su seguridad, con daños potenciales que incluyen contaminación bacteriana, alergias y los riesgos generados por posibles efectos tóxicos.
No solo eso: hace unos años saltó la alarma sobre la posible carcinogenicidad de algunos de sus componentes, especialmente los hidrocarburos policíclicos presentes en alta concentración en las tintas negras.
Al introducirse en la dermis, pueden migrar, y migran, llegando a otras zonas del cuerpo como los ganglios.
Pero por ahora, no parece que esto suponga un peligro para la salud.
Como explica el dermatólogo Dr. Donís Muñoz Borrás, “una cosa es que se haya visto que estos hidrocarburos se acumulan en los ganglios, y otra, que existan evidencias científicas de que generan un efecto negativo sobre ellos.
No hay ningún dato que lo demuestre”.
¿Cuál es su postura? “No estoy en contra ni a favor”, declara el Dr. Muñoz Borrás.
“Es una opción personal que debe tomar de modo responsable cada persona”.
Otro riesgo para tener en cuenta es la posibilidad de diagnósticos erróneos en pruebas médicas mediante PET/TAC, pues si se produce acumulación de pigmento en los ganglios linfáticos –como
sucede a veces– puede dar lugar a un falso positivo.
La recomendación del Dr. Muñoz Borrás es advertir al radiólogo que se lleva –o incluso que se han llevado en el pasado– tatuajes.
Uno de los problemas más frecuentes de las tintas es la posible aparición de alergias, que pueden provocar reaccionesinflamatorias, así como cicatrices hipertróficas.
Una opción es nunca empezar por grandes tatuajes, sino siempre por superficies pequeñas, para ver cómo es la reacción cutánea.
Especial cuidado deben tener las personas con el sistema inmunológico debilitado o alterado, pues serían especialmente sensibles al riesgo.
Otra de las cuestiones planteadas por los dermatólogos es la posibilidad de que los tatuajes –especialmente, los llamados “blackwork”, que cubren grandes áreas del cuerpo por completo con tinta negra– pueden dificultar el diagnóstico de lesiones cancerosas en la piel, ya que pueden pasar desapercibidas.
Esto es un factor que deben tener en cuenta quienes opten por este tipo de tattoos y estar especialmente atentos y vigilantes ante cualquier posible cambio cutáneo.

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